domingo, 21 de marzo de 2010

The morning after

Yacía boca arriba en la cama con los ojos cansados entrecerrados, igual que esos bebés que duermen sin cerrarlos del todo. Se acariciaba con lentitud el pelo negro, casi húmedo de tan frío. Mientras, pensaba en aquél para el que había inventado el sitio de la almohada que ahora ocupaba, esparcido, su cabello.
Resonaban en su cabeza los acordes de The morning after, y ella se repetía a sí misma el estribillo una y otra vez: "Hey, can you save me? Save 'cause I'm lost..." Sálvame porque estoy perdida...
Ella no sabía tocar la guitarra, pero él sí. Pensó entonces en sus manos grandes arrancándole aquellos acordes a su guitarra y dos lágrimas le quemaron en las comisuras de los ojos. Sintió como latidos del corazón los gemidos que emitían en su imaginación las cuerdas al pasar él sus dedos de un traste a otro. Adoraba aquel sonido.
No era muy propio de ella aquello de llorar por un chico. Ella lloraba muy a menudo de pena, pero de pena producida por la soledad, la compasión o el propio desaliento; nunca por amor. "Yo creí que el amor no existía, pero tú me lo hiciste descubrir", le decía él a su chica. Eso mismo le había pasado a ella.

3 comentarios:

  1. He picoteado un poco tu DA, es curiosa la foto de lo escrito en la hoja. ¿Escribes siempre así o está /exagerado/? Eran curiosos todos los puntos de las ies, tan perfectos.

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  2. Me refería a la letra, por si no quedaba claro xd. No sé, la mía es toda muy irregular.

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