lunes, 19 de abril de 2010

Cada "sé feliz".

Si caminásemos como caminábamos antes, juntas, estaríamos ahora tan lejos una de la otra que, aún pudiendo alcanzar su mano con la mía, no podría encontrar sus ojos si los buscase con los míos. Ya no podríamos avanzar calladas, sería necesaria una conversación que llenase nuestros silencios. Ella me hablaría del tiempo como si apenas me conociera, y yo asentiría despacio sabiendo conocerla demasiado, habiendo llegado demasiado lejos como para poder fingir que no sé nada de ella.
Ahora han acabado las lágrimas, y sobre todo las sonrisas, los regalos “porque sí”, las miradas que quieren decir “menos mal que tú me comprendes” en medio del mundo entero. Se ha acabado cada “¿por qué?” y cada “¿y por qué no?”, cada “sé feliz”.
Se ha acabado todo, ella con la frente bien alta y el andar firme, y yo con la punta de la nariz en el suelo y el paso indeciso.

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