jueves, 15 de abril de 2010

C'est fini

Hoy ha terminado todo. Contra todo pronóstico, probablemente hayan pasado esta mañana todos los atisbos de una amistad sólida. Yo pensé que todo esto acabaría el día en que una de las dos se marchase y perdiésemos el contacto, muy poco a poco. Pero ha sido el final más tajante, más seco y más doloroso que hubiese podido imaginar.
Primero el insulto, bajo pero claro. Todos lo han oído y me han mirado con sorpresa, esperando mi respuesta. Luego, su mirada, la peor de todas las que en ese momento tenía encima, tajante, llena de un odio contenido que yo nunca antes había visto en sus ojos. Nunca. Después, mi expresión. El horror. Una presión terriblemente dolorosa en cada ámbito de mí, en mis sentimientos, en mi pecho, oprimiendo mi caja torácica. Durante los pocos segundos siguientes que a mí me han parecido horas no he podido respirar, casi creo que se me ha parado el corazón. No podía creerlo.
Y, por último, cuando he vuelto en mí, mi respuesta. “Vale”, le he dicho. Le he dado la razón y he agachado la cabeza despacio. Creo que todavía en ese momento, mientras yo tapaba el horror de mi cara con el pelo, los demás han permanecido en silencio. De verdad creían que iba a responder. Pero no. Ni con una palabra, ni con otra mirada de odio, ni con lágrimas.
Ni siquiera he podido llorar. Las lágrimas han llegado más tarde en un torrente incontenible. Me han dado un abrazo, pero en ese momento no necesitaba ningún abrazo; el odio de sus ojos me presionaba desde dentro, empujando las lágrimas a salir, se anudaba en mi garganta y me apretaba el corazón como con un puño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario