jueves, 13 de mayo de 2010

Fausto I

Ninguna de las personas que pasaron cerca del abedul blanco bajo el que se hallaba repararon en que allí, sobre el césped mullido y húmedo, había una bebé de tres semanas envuelto en mantas. Ninguna de ellas. Hasta que empezó a chillarle al cielo gris de noviembre. Con los ojos apenas abiertos, el niño lloraba de hambre, un par de horas después de que su madre le hubiese dejado allí. "No puedo quedarme contigo", le había dicho ella. Debía entender que era demasiado joven como para criar a un niño. Su hijo era demasiado joven como para sobrevivir mucho tiempo entre el suelo mojado y el cielo encapotado de una mañana de noviembre, pero eso ella no lo había entendido. O quizá sí, pero le había dado igual.
No hacía mucho tiempo que había comenzado a chillar cuando una mujer le oyó.

7 comentarios:

  1. Interesante la historia. Imagino que la habrás escrito tú. A ver cuando la continúas.

    Saludos.

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  2. Todo lo que publico lo he escrito yo, y, si no, pongo el autor, como en la entrada de Safo de Lesbos.

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  3. En serio me ha gustado. Espero que sigas publicando más.

    Espero que no te hayas tomado a mal en comentario. Aunque no me conozcas se como piensas y como te sientes, yo también pasé por lo que estás pasando tú.

    Ánimo y a seguir escribiendo que lo haces muy bien :)

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  4. Realmente triste lo de ahogar los comentarios de los demás....

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  5. Ni me lo tomé a mal ni he intentado "ahogarlo", sólo lo aclaraba. (:

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  6. Pero qué bien refleja la realidad

    :)

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  7. a veces asusta pensar que nuestra existencia es producto de un conjunto de determinadas casualidades. somos un accidente. somos un sin querer. ¿por qué no le escuchó otra persona? ¿por qué lloró cuando esa mujer estuvo cerca? se podría escribir un libro entero intentando contestar esa pregunta, pero el resultado sería el mismo si el libro estuviese completamente en blanco. ¿te comprarías un libro con las páginas en blanco? yo creo que tú sí, tú podrías llenarlo.

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