sábado, 28 de agosto de 2010

Ca L.

Entramos en el piso. Es pequeño, pero bonito; está muy bien decorado y ordenado. En primer lugar, hay una entradita con cuatro espejos y una mesa pequeña, encima de la cual observo un cuenco con llaves y un gato dorado de esos que menean el brazo arriba y abajo.
Después pasamos al salón-comedor, con una mesa y cuatro sillas en primer plano, y dos sofás, tres mesillas auxiliares y una tele en segundo. Hay también una estantería llena de novelas y libros de derecho, además de una alfombra y ordenadores portátiles (tres en total) repartidos por todas las mesas. Al fondo del salón-comedor hay una puerta corredera de cristal que ocupa toda la pared. L. abre la puerta y me enseña una terraza enorme llena de plantas. En un lado de la terraza hay una mesa de madera con cuatro sillas. Pronto identifico este rincón como el lugar que emplearé para escribir.
Volvemos dentro de la casa y L. abre una puerta que queda a la izquierda del salón (visto desde la terraza). Me asomo y veo una pequeña cocina. Es una cocina cariñosa, dice L., porque cuando nos cruzamos en ella a T. y a mí no nos queda más remedio que rozarnos.
Enfrente de la puerta de la cocina hay otra puerta, que conduce a un pasillo, dentro del cual encuentro las tres últimas puertas. Al fondo a la izquierda, el baño; enfrente del baño, la habitación de L. y T.; y, antes de llegar a ésta, la que será mi habitación. L. abre la puerta y encuentro una habitación pequeña. A la izquierda, una tabla de planchar. Al fondo, debajo de una ventana que ocupa casi toda la pared, un sofá. Estoy horrorizándome ante la idea de tener que dormir ahí durante seis noches seguidas cuando L. me dice que descanse un poco en el salón-comedor. Durante un rato la oigo trastear en mi habitación. Unos minutos después, sale con la tabla de planchar plegada y me dice que ya puedo entrar.
Entro y suspiro al ver que no tengo que dormir en un sofá, sino en una cama plegable. Es una cama de matrimonio, así que, pegada a la pared derecha, apenas quedan unos quince centímetros de espacio entre ella y la pared izquierda. En este espacio hay un calefactor y, en el suelo, un flexo. Uso el calefactor como mesilla y coloco el flexo en el alféizar de la ventana. Con el equipaje a los pies de la cama, ya estoy instalada en la que será mi habitación durante una semana.

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