lunes, 24 de enero de 2011

Aoristo

A las cinco de la madrugada, vencida, con el entendimiento ajado y la mente hecha jirones, apoyo la cabeza sobre la mesa y dejo que las lágrimas hagan que me escueza la piel de las mejillas. Mientras escucho música clásica, lloro, por qué no decirlo, por los pensamientos que me asolan desde hace tantas horas que ya no sé ni contarlas, contra los que ya no tengo fuerzas para luchar, pensamientos que le dan una patada a todas las aspiraciones pretéritas, presentes y futuras que pude, puedo o podré tener algún día, pensamientos que me hacen dejar a un lado la maravillosa vida feliz y llena de amor que quiero para mi yo futura, y destruyen por completo todas mis esperanzas personales e intelectuales de adolescente.


(me voy a dormir, hoy no tengo ganas de llorar más)

1 comentario:

  1. Hace tiempo que leo tu Blog, y la verdad es que siempre consigues sacarme una sonrisa.

    Por cierto, yo también acostumbro a perder el rumbo y ahogarme sola. Nunca olvides que todo saldrá bien si no pierdes la ilusión.

    Pásate por el mío, un beso.

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