lunes, 14 de febrero de 2011

'Ερως... γλυκύπικρον αμάχανον όρπετον

(Amor... agridulce ingobernable amargo.)

Presumir de dedicar mi tiempo a las palabras y no dejar un hueco hoy para hablar del amor probablemente me convertiría en una persona demasiado insufrible, incluso para mí misma. Llevo toda la mañana diciendo que tenía ganas de vomitar arco iris, y es cierto. ¿A qué santo nos dan una lista de petits mots tendres? Pues eso, a san Valentín.
Pero no, no pretendo hacer creer a nadie que no creo en amor, pues, como las meigas, haberlo, haylo. Mi única prueba:

“….Si la tormenta actual se calma un poco, apresúrate a escribirnos; ¡la noticia nos causará tanta alegría! Pero sea cual sea el objeto de tus cartas, siempre nos serán dulces, al menos para testimoniar que tú no nos olvidas…
¡Ay, Abelardo!, tan fuerte frente a los hombres y tan tierno conmigo. Nunca me he arrepentido de mi pasión, solo me angustia pensar que mi negativa a hacer pública nuestra unión haya podido ser la causa de tu desgracia...
Tú pudiste resignarte a la cruel desgracia, incluso llegaste a considerarla un castigo al que te habías hecho acreedor por transgredir las normas. ¡Yo, no!, ¡No he pecado! solo amo con ardor desesperado; cada día aumenta mi rebeldía contra el mundo y crece más mi angustia. ¡Nunca dejaré de amarte!. ¡Jamás perdonaré a mi tío, ni a la iglesia, ni a Dios, por la cruel mutilación que nos ha robado la felicidad!
Pero, ¿qué puedo esperar yo, si te pierdo a ti? ¿Qué ganas voy a tener yo de seguir en esta peregrinación en que no tengo más remedio que tú mismo y en ti mismo nada más que saber que vives, prescindiendo de los demás placeres en ti -de cuya presencia no me es dado gozar- y que de alguna forma pudiera devolverme a mí misma? …”

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