miércoles, 2 de febrero de 2011

De nuevo, el cartero de Benedetti

A pesar de que en el sobre no figuraba mi dirección, esta tarde el cartero de Benedetti me hizo entrega de una carta con sabor a café en mano, sonriendo de oreja a oreja y de sien a sien. No hablaba la carta, como lo han hecho tantas otras, de metafísica o de arte; sólo contenía pasado, presente y un poco de futuro, acompañados por la alegría del reencuentro. La carta era corta, pero me dejó un buen sabor de boca.
Al final se despedía con su siempre imperturbable, imprescindible, infalible, ineludible, inolvidable y sobre todo maravilloso abrazo como un sol.

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