jueves, 24 de febrero de 2011

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A las cinco de la madrugada de la cuarta noche consecutiva sin dormir, la desesperación se traga a cualquiera. No estoy buscando excusas, pero es realmente un problema el estar sentada al escritorio tratando de trabajar y ver que el único que avanza en esta habitación es el tiempo. Y luego están el sueño y el cansancio por las horas no dormidas, el dolor de cabeza, de caderas, de espalda y de muñeca, el flaqueo de la fuerza de voluntad, el saber que en unas horas habrá alguien torturándote con los ojos entornados, y toda la soledad que trae el saber que tienes que hacer todo esto tú sola, que nadie puede ayudarte. Unas horas después te dejan caer encima de todo lo anterior  varios papeles en los que dice: "TODOS TUS ESFUERZOS SON INFRUCTUOSOS; NO VALES PARA ESTO." Así, en mayúsculas, como si el hecho de no tener fuerzas ni para levantar los pies del suelo al caminar no fuese suficiente. Y eso desanima a cualquiera, ¿no?

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