martes, 26 de abril de 2011

Norays, rendiciones y otros tipos de suicidio

Sogas, autoengaño, lejía, autoencierro, cuchillas, pensamientos espirales, acantilados, pozos sin fondo... Mil formas, en fin, de parar el reloj, el latido del corazón, el curso de la sangre, la recepción de sensaciones. Renunciar voluntariamente tanto al placer como al dolor, tanto a la alegría como a la pena, tanto a la risa como al llanto, tanto a la compañía como a la soledad, tanto a las libertades como a las privaciones... renunciar voluntariamente a todo lo bueno para no sufrir nada malo.
Pienso en todo ello constantemente. ¿Mi miedo a estar sola es tan grande que estaría dispuesta a dejar a la gente que quiero? ¿Temo tanto al dolor que estaría dispuesta a privarme de todo placer? ¿Tan cansada estoy de llorar que estaría dispuesta a no reír nunca más?

De nuevo, mil interrogantes que soy incapaz de responder (aunque me voy acercando).

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