lunes, 4 de abril de 2011

Sonrisas y codos

"Esta chiquilla no se ríe ni aunque le peguen en los codos", dice mi madre que oyó comentar a alguien al verme pasar durante la ofrenda. ¿Es, acaso, un golpe en un codo motivo de risa? No sé, la verdad es que la gente dice cosas rarísimas. Aún así, a pesar de lo extraña que me resultó la frase, me dio que pensar, sobre todo unida a las muchas cámaras que me pusieron delante. Cuando me iban a hacer una foto, y cada vez más, me daba cuenta de cuánto me cuesta sonreír sin más. Necesito qque haya un motivo, y aún así me cuesta hacerlo; si no lo hay, no consigo más que tensar los músculos de la cara y estirar los labios en una mueca que probablemente sea bastante fea. Hace tiempo me preguntaba a mí misma si esta falta de felicidad va ligada a la madurez, y ahora me respondo: no. No voy a introducirme en el escabroso terreno de analizar la relación entre madurez y felicidad; sólo diré que madurar no es dejar de ser feliz.

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