sábado, 2 de julio de 2011

άνθρωπος λόγον έχον

(los dichosos pajaritos)
Uno de los pocos pros de mi insomnio nocturno es que cada mañana, entre las cinco y las seis, oigo despertar a los pájaros que duermen en el árbol que hay frente a mi casa. Hoy, dado que no tenía otra cosa que hacer, he subido la persiana para esperar al sol, y he podido no sólo escuchar a dichos pájaros, sino también verlos. Desde mi ventana los he observado volar y descansar, volar y descansar, volar y descansar, y ha habido algo que ha llamado mi atención: para reposar de sus pequeños paseos por el cielo, se paraban sobre un saliente que hay en el lateral de un edificio. Pero, por supuesto, esto no es lo curioso. Lo que me ha resultado realmente curioso ha sido que, pese a que hay dos de estos salientes en el mismo lateral del mismo edificio, y pese a que estaban un poco apretados, todos los pájaros se posaban sobre el mismo saliente.
Esto me ha dado que pensar. Sin necesidad de estudiarlo mucho, me he dado cuenta de que en realidad las personas somos, en este aspecto, iguales que los pájaros: aunque apenas podamos movernos, nunca volaremos hasta otro saliente, pues necesitamos vernos acompañados. Dudo de las razones que pueden tener los pájaros para comportarse así (y digo “dudo” por cuidar un poco la “preciosidad literaria”, aunque lo cierto es que no tengo ni idea de cuáles son), pero la razón que tenemos las personas es simple: la soledad se ve como algo triste. Y me refiero aquí con soledad, no a una soledad “emocional”, por llamarla de algún modo, sino a una soledad física.
Está claro que la soledad emocional es, sino triste, al menos bastante difícil de llevar. Sin embargo no encuentro de ningún modo la explicación a la tristeza de la soledad física. Quiero decir que me parece triste estar, por ejemplo, bailando entre un montón de gente pero no tener a nadie a quien contarle mis problemas y que los entienda (que no es poco), pero no me parece triste cansarme de bailar y apartarme sola para descansar, o incluso pasar la noche entera apartada sola mientras los demás bailan porque a mí no me gusta bailar.
Eran, he de repetir, alrededor de las seis de la madrugada, y no tenía nada mejor que hacer, así que he seguido el hilo de este pensamiento para intentar determinar cuáles son los motivos que llevan a algunos a pensar que la soledad física es triste. Para conseguirlo (conseguir intentarlo, quiero decir), no tenía otro recurso que fijarme en mi propia conducta, pues es la única que conozco realmente. Cuando estoy acompañada suelo hablar con los demás; a veces llorando, pero mayormente riendo, o incluso cantando; hablo de música, de libros, de cine, a veces de política, o simplemente cuento algo que me ha ocurrido o que siento. Sin embargo, cuando estoy solaobservo y pienso. De vez en cuando mis cavilaciones me conducen al llanto, y menos a menudo a la risa, pero poco más. Atando cabos, llego a la conclusión de que el pensar como una actividad independiente (usada sin más fin que pasar el rato) es considerado por algunas (muchas) personas triste. ¿Tiene esto algo que ver con aquello de que las cavilaciones llevan al llanto más a menudo que a la risa? Supongo que es así, y esto me lleva a “mi” conclusión: algunas personas creen que estar físicamente solo es trsite porque es únicamente estando físicamente solos y pensando cuando se dan cuenta de que en realidad ellos mismos están emocionalmente solos.

1 comentario:

  1. es que tienes razón, la soledad física no es triste. La soledad física incluso es un método relajante (al menos para mi), vivir en constante compañía se torna morboso e insano! En cambio, la soledad emocional, si que es dificil de sobrellevar; pudiendo estar entre un mar de gente y encontrándote solo...

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