jueves, 19 de julio de 2012

Maraña

  Hace tiempo que no me escucho. Y cuando digo que no me escucho hablo, obviamente, de que no me leo. Es todo una maraña: una maraña de días demasiado felices y días demasiado tristes, de demasiado amor dentro y de insuficiente amor fuera, de demasiado odio, demasiada abulia, de calor, de ganas de pero miedo de, de demasiada necesidad de escribir sin tomar papel ni tinta, de escribir en la cabeza pero que al final acabe saliéndome una maraña por los ojos. Es, por mostrar una imagen, como una enorme casa de locos en la que todo el mundo grita pero nadie es capaz de escuchar lo que cada uno dice. O quizá ni siquiera están locos y sólo tienen hambre, sueño o frío, pero al juntarse los "Tengo habre", "Tengo sueño" y "Tengo frío" se forma una maraña incomprensible de la cual sólo puede deducirse que lo que se está observando es, como ya he dicho, una enorme casa de locos. Y es difícil saber quién grita cada cosa. El grito que más fuerte se escucha es "¡Tengo ganas de verte!", pero ni se sabe de dónde viene ni se cree que el que grita merezca ver a nadie. Se oye sollozar un "Querría que contarais conmigo" allá lejos; se ve a la voz que solloza pero ella misma pugna por acallarse. Después hay dos gritos que luchan entre sí, aunque tampoco se ve bien de dónde sale cada uno: uno dice "Quiero..." y el otro le golpea con sus "... pero tengo miedo". Y en medio de esas cuatro voces, que son las que más se oyen, están los "Debes", los "Quiero", los "Necesito más excusas", los "No soy suficiente" y los "Soy demasiado", los gatos maullando, y los gritos, quiero decir chillidos, los gemidos de los abrazos que no se dan, así como de los bofetones que no se dan, y los gritos de los propios gritos que no se gritan. Esa es la maraña que sí oigo pero no escucho y que sin escuchar no puedo escribir y que sin escribirla me es imposible de comprender... y así en bucle.

  No sé si me he explicado. Vaya maraña de confesiones de loca.

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