jueves, 9 de agosto de 2012

La Chamana

  Sonaba en la televisión la voz quebrada de Chavela entonando su canción por antonomasia, La Llorona. Días atrás había leído que La Llorona carecía de autor conocido, que era simplemente una canción típica y anónima de México, pero que la dama del poncho rojo la había hecho suya. Y qué cierto. Anunciaban la muerte de Chavela Vargas. Yo ya lo sabía porque hacía un par de semanas seguía su estado en un hospital de México a través de una red social, y hacía pocas horas que lo habían anunciado. Al leerlo pensé automáticamente en unas pocas personas. Primero pensé en aquel tal Sergio del que había tomado la recomendación de escuchar Tú me acostumbraste (y en qué buena hora), y que llevaba unos días perdido. Entonces me habría gustado darle yo misma la noticia, pero más tarde he estado leyéndole y no ha comentado nada, por lo que doy por hecho que tampoco supuso una gran noticia para él. Después pensé en Joaquín Sabina y en El bulevar de los sueños rotos y me pregunté si él mismo estaría roto en aquel mismo momento. También a él le leí más tarde (yo no escucho a las personas, yo las leo) y me emocionó comprobar que "le cogió un llanto irreparable". Pensé que al menos con éste no me había equivocado.

  Pero "fallecimiento", dijeron. Y qué indignación sentí, dios mío. "Fallecimiento", así. Todos sabemos que en la televisión se dicen algunas mentiras, pero hasta este punto... Y es que se dan dos cuestiones: por un lado, fallecer significa acabar, terminarse, y Chavela Vargas no se ha acabado, no mientras escuchemos su voz de rayo de luna llena; y por otro lado están las palabras de la propia dama: "Yo no me voy a morir porque yo soy una chamana y nosotros no nos morimos, nosotros trascendemos"



1 comentario:

  1. Lo bueno es que personas como ella en cierta manera nunca se van, porque siempre se le recordará y nos quedarán sus canciones para de alguna forma volverla a sentir ahí.

    P.D: Gracias por tu comentario del otro día en mi blog.

    Saludos

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