jueves, 6 de diciembre de 2012

Llego a Mi Casa siempre como quien llega al cielo

   Llego a Mi Casa siempre como quien llega al cielo,
pero cargada de maleta y diccionarios.
   No digo "hola", pregunto "¿hola?"
hasta tres veces, y silencio.
   Que nadie me espere en mi casa me da ganas de llorar
pero lo acepto;
   que nadie lo haga en Mi Casa me da ganas de llorar
sin ningún tipo de aceptación.
   Descargo maleta y diccionarios al pie de la escalera;
cargo todavía con las ganas de llorar
sin aceptación ninguna hasta Mi Sofá.
   Antes de poder descargarlas allí,
entra por la puerta una permanente blanca
   —cuando hablamos vosotros y yo
de relaciones de amor-odio y misofilia respectivamente
yo pienso en esta permanente blanca—.
  Y yo me levanto, claro,
y descargo las ganas de llorar
sin aceptación ninguna
en el hombro con permanente blanca.

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