sábado, 2 de febrero de 2013

Mater España

La idea de pertenencia a un país no me ha parecido nunca del todo lógica; ni yo pertenezco al país, ni el país me pertenece a mí. Este país engloba muchos lugares, y la verdad es que me siento tan extremeña como alemana... Bueno, quizá haya escogido un mal ejemplo: en realidad ahora mismo soy tan alemana como española (y vosotros también, que no os escapáis). Más lógico que decir que soy de un país me parece decir que he nacido en un país, por lo que:
He nacido en un país que me hace sentir muy triste. En el país de los toros, del vino y de la picaresca. En la España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María; en mi querida España, esta España viva, esta España muerta; en mater España. En un país en el que intentan convencernos de que nos sintamos muy orgullosos de nuestros logros culturales y comamos embutidos cuando hay quien no puede pagarse ni educación ni bocado que llevarse a la boca. En un país que va a estar muriéndose de hambre hasta que venga alguien a rematarlo.
España me pone muy triste porque es un país lleno de personas muy inteligentes que no queremos aprender, y ese desperdicio de inteligencia siempre da mucha pena. Me da mucha pena que estas personas inteligentes que somos los españoles no reflexionemos sobre los errores de los que deberíamos escarmentar. Me da pena que todavía creamos que vamos de la mano de esa idea que en realidad ha quedado tan, tan, tan lejos de “democracia”. Me da pena que no pensemos en que quizá esa otra idea de “la clase política” deje de lado a la idea de “democracia” (el poder no es del pueblo, es de una serie de españolitos que han sido criados para vestir –y recibir– trajes de chaqueta). Me da pena que no nos demos cuenta de que estos señores de traje han convertido a España en la abuela con demencia senil que acusa a los nietos de robarle el pan, cuando debería ser la madre que no come para que sus hijos no se queden con hambre.
Hay países desarrollados, países en vías de desarrollo y España, que está en medio de la vía a punto de ser arrollada. Y dentro nos dividimos en tres pensamientos distintos: hay quien espera un rescate que tiene más pinta de ejecución que de salvación, quien ruega por que el tren llegue pronto y podamos dejar de agonizar ya y quien desea de arrastrar a todos los demás fuera de la vía.

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