jueves, 9 de mayo de 2013

La vida es eterna en cinco, diez o quince minutos.

    Veréis: fue el sábado por la mañana. Me desperté bastante temprano. Es decir, no demasiado temprano, pero sí bastante para ser sábado por la mañana. Diez minutos antes de que sonase el despertador, para ser exactos. O quizá fueran cinco o quince y no podamos ser tan exactos. El caso es que todavía no tenía que levantarme de la cama. Desde la calle entraban la luz solar que se colaba por los huecos de la persiana bajada y todo el ruido que dejaba pasar la ventana abierta. Cuando entorné el ojo izquierdo (el otro lo tenía aplastado contra la almohada) estaba en posición fetal sobre el costado derecho, de espaldas a la pared. Estaba tapada con el edredón y no tenía ni frío ni calor. Había perdido un calcetín entre las sábanas. 
    Pues bien, esto es complicado de explicar: la habitación estaba de tal manera, de tal manera estaba yo; era plenamente consciente de todo, pero no estaba pensando en ello. La verdad es que no estaba pensando en nada en absoluto. En nada ni en Nadie. Oía a los niños jugar en la calle y era consciente de que estaban allí, pero no estaba pensando en ello. Notaba los dedos del pie izquierdo desnudos y sabía que el calcetín que debería haber estado cubriéndolos estaría nadando entre las sábanas, pero no lo estaba pensando realmente. Y sobre todo era muy consciente de que el despertador no había sonado todavía, pero tampoco estaba maldiciéndome por haber desperdiciado unos minutos de sueño, ni planeando si desayunaría antes o después de lavarme la cara, ni intentando recordar si tenía agua la plancha. No sé, yo estaba allí con un ojo abierto y la mente en blanco, y las cosas estaban pasando a mi alrededor sin que yo las verbalizase, ya no por escrito ni oralmente, sino ni siquiera en mi cabeza. Quiero decir que los hechos eran iguales dentro y fuera de mi cabeza, no hechos fuera y su descripción dentro. No sé. 
    Y nada. Al cabo de un rato que no sé bien cuánto duró sonó el despertador. Y me despertó, claro, pero de los minutos más felices que he vivido últimamente.

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