lunes, 3 de junio de 2013

Las bicicletas son para el verano (pero tú también puedes usarlas si quieres, primavera).

He visto carriles-bici como vías
y bicicletas como trenes
que sólo paran en una estación:
la primavera.

Las bicicletas son para la primavera,
para la sesión continua de olas de mar
que nos lamen los pies en preestreno,
para el polen que entra por la nariz
y el amarillo y negro de las abejas
que no han picado nunca a nadie.

Las bicicletas son para la primavera,
para las amapolas muertas de frío,
para el frío del primer helado
que congela el lóbulo temporal deprisa,
el lóbulo frontal por la espalda,
el tálamo, el hipotálamo y las mejillas.

Las bicicletas son para la primavera,
para los vestidos de flores con vuelo
recién salidos del armario,
para la brisa que pone la piel de gallina
a los codos sin chaquetas
y a las rodillas sin medias.

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