lunes, 10 de junio de 2013

Más de siete millones de montones de quizás.

A veces yendo en el metro hay alguna persona que me llama especialmente la atención sin ningún motivo aparente. A veces es un señor con traje y el pelo engominado hacia atrás que se queda de pie sujetándose en alguna barra, a veces es una chica que se sienta justo en frente de mí con el móvil en la mano y se queda mirando su propio reflejo en la ventana que tengo detrás, a veces es una señora bajita con los ojos cansados que lee algo en un libro electrónico. Procuro no mirarle durante mucho rato porque a la gente normalmente le molesta que la miren fijamente los desconocidos, pero con la cabeza tan gacha como me es posible pienso mucho en esa persona, en todo lo que es realmente esa persona. Quizá él o ella esté pensando que sí le gusta que le miren, quizá esté pensando en su abuela, quizá esté pensando en el último maestro que tuvo en primaria o quizá esté pensando en el dedo meñique de su pie derecho; quizá haya llorado tres veces esta semana, o lo que es peor, quizá sólo se haya reído con ganas tres veces esta semana; quizá aprendiera a escribir cuando tenía tres años o quizá lo hiciera cuando tenía seis; quizá le guste secarse el pelo a mano después de lavárselo, quizá prefiera esperar a que se le seque al aire o quizá sea feliz no teniendo que hacer ninguna de las dos cosas por no tener pelo; quizá le guste mucho mirarse las muñecas cuando hace mucho calor y las venas se ven más hinchadas y más verdes a través de la piel o quizá odie el calor con toda su sangre; quizá no le guste leer o quizá ya se haya dado cuenta de que aún no ha leído su libro favorito y de que probablemente nunca lo leerá, pero no le importe pasarse la vida buscándolo; quizá se planche sus propias camisas, quizá se las planche su madre o su marido, quizá se las ponga arrugadas o quizá nunca lleve camisas; quizá esté sufriendo por amor, o lo que es peor, quizá no esté sufriendo por amor; quizá siempre se duerma en el cine, quizá siempre vaya al cine solo o quizá simplemente no le guste ir al cine; quizá le duela mucho una rodilla, quizá un nudillo, quizá una encía, quizá el ombligo por habérselo estado hurgando hace un momento o quizá no le duela nada en absoluto; quizá siempre duerma boca arriba, quizá siempre duerma boca abajo, quizá siempre duerma en posición fetal o quizá siempre duerma fatal; quizá nunca haya mirado a través de un caleidoscopio; quizá nunca haya escuchado Nessun dorma. Pienso en todos los quizás con cuyos zapatos me cruzo cada día, pienso que todo esto no representa más que una pequeñísima parte de la persona a la que acabo a mirar y pienso, por último, que él o ella se bajará del metro sin saber todo lo que he pensado, y yo me bajaré del metro sin saber cuánto le disgusta que le mire una desconocida.

4 comentarios:

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  3. Dios, siempre me pasa y cuando intento explicárselo a alguien no lo entienden o simplemente me miran raro. Me pasa también cuando veo un avión o cuando voy subida en el bus y veo las cabezitas de los conductores de coches. En fin. Gracias.
    Muy muy fan.

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