sábado, 21 de diciembre de 2013

Hace ya muchos días que tropecé

Hace ya muchos días que tropecé 
y, verás: aún no he llegado al suelo. 
Ya no sé si perdí el equilibrio 
o si sólo he olvidado dónde lo dejé; 
no sé si me caí 
o si en realidad me tiré de cabeza. 
El caso es que todavía estoy cayéndome:
braceando, buscando dónde agarrarme
sin encontrarlo,
en vistas de dejarme en el suelo la piel
y el alma de las manos y las rodillas,
a punto de abrazar la gravedad
en medio de la gravedad de la caída;
en suspenso;
con los labios entreabiertos
en un maullido de gata
que sabe que esta vez no caerá de pie.
Hace ya muchos días que tropecé:
no fue la segunda vez con la misma piedra; 
fue una pedrada
en el lado izquierdo del pecho.
Al fin y al cabo, es lo mismo
poner la zancadilla y salir corriendo
que tirar la piedra y esconder la mano.

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