domingo, 15 de diciembre de 2013

    Tocas al pecho. 
    –¿Quién es? 
    –Soy yo, abre el corazón. 
    Pero han cerrado por fuera y han tirado la llave al mar. Estoy encerrada, en serio. Querría quererte pero estoy encerrada. 

    Querría mirarte a los ojos y temblar cuando me acariciases la espalda, no poner cara de circunstancias cuando que me dices que me quieres (a pesar de mi desequilibrio mental, mi ciclotimia, mi inclinación al drama y al victimismo), rogar por que el séptimo cielo quedase muy lejos cada vez que me subo en un ascensor contigo, no buscar los ojos de otro cada vez que te miro a los ojos ni las manos de otro cada vez que te cuento los dedos ni la voz de otro cada vez que te pregunto si estás despierto... Querría quererte, te lo juro; pero no puedo. 

    He roto mi bruxismo para dejar que me beses y reconozco que algunas canciones me recuerdan a ti; aún más, mira: te estoy escribiendo. Pero no por ello vayas a creerte que te quiero, porque no puedo... aunque querría.

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