jueves, 27 de febrero de 2014

    Verás: estoy muy enfadada con las parejas que pasean de la mano por la calle, y con las que se besan en el metro, y con las que se dicen “te quiero” sin miedo; me despiertan mucha rabia todas esas personas que son felices sin más, las que son capaces de concentrarse en una sola cosa sin nombre propio; he tenido épocas mejores, épocas en las que me asomaba por la baranda del balcón para ver si tu coche estaba aparcado en mi puerta, épocas en las que al mirar la acera desde mi séptimo piso no me preguntaba cuánto tardaría en caer, cuánto me dolería el golpe, cuánto tiempo pasaría allí mi cuerpo hasta que llegase la ambulancia, cuánto te conmoverías al enterarte; no quiero morirme, de verdad, pero he perdido todo el interés en vivir: no quiero que me pasen cosas malas ni cosas buenas, si no puedo vivirlas contigo; sólo quiero salir de la ataraxia, de la nada, si eres tú quien viene a sacarme; no puedo dormir pero tampoco encuentro las fuerzas necesarias para levantarme de la cama; rompo a llorar cada media hora y a veces se me anuda algo en el pecho y me cuesta mucho respirar; y aún así creo que la peor consecuencia de que te hayas ido es que me he quedado sin palabras.

1 comentario:

  1. Algunos dicen que el fuego consumirá el mundo; otros afirman que triunfará el hielo. Por lo que sé acerca del deseo, y por lo que dices en tu texto, doy la razón a los que hablan de fuego.

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