jueves, 6 de marzo de 2014

    A veces tengo la firme creencia de que los pañuelos mentolados, las napolitanas mixtas recién hechas, el olor de las floristerías, el agua fresca, los chicles de fresa, el café de cuando no conseguimos despertar, la tila de cuando no conseguimos dormir, las pizarras limpias, la facultad antes de las ocho de la mañana, los mensajes de buenos días, los relojes sin pila, los abrigos largos, los músicos callejeros, los jerséis de lana, los vestidos de flores, la playa, las ventanas que dan al mar, la tristeza de los domingos, el frío en los pies, los libros de séptima mano con dedicatoria, la nostalgia del futuro, los álbumes de fotos, los paseos en barca, la forma de las nubes, los suelos con calefacción, el gotelé en el techo, las flores naciendo del asfalto, la paz, los documentales de La 2, las bandadas de pájaros volando en armonía, el bocadillo de la merienda, las siestas en el sofá o el día de después no importan una mierda si los comparamos con la sensación que produce que la persona que te llena por dentro te cubra también por fuera.

1 comentario:

  1. Este texto se sale. Sin ninguna duda; genial. Perfecto

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