jueves, 27 de marzo de 2014

La tonta del bote.



    A menudo tengo muchas ganas de compartir cosas contigo. Muchísimas, muy a menudo. Algunas veces las ganas son tan muchísimas que casi dejan de ser ganas y se convierten en necesidad. Pero mis amigos, mi familia y mi sentido común me dicen que no lo haga; por eso tengo que guardarme las cosas que querría compartir contigo. A veces resulta un poco difícil, así que se me ocurrió lo siguiente: que podía, en lugar de guardármelas, guardártelas a ti, por si algún día el sentido común no tiene nada que decir con respecto a que comparta cosas contigo... o hasta que desaparezcan las ganas. 
    Así que cogí este bote de cristal de la cocina. Al quitarle la tapa roja sale de dentro un olor muy dulce: por un lado el de la vainilla y el caramelo de las bolsitas de té que contenía antes, y por otro el de la menta de las bolsitas de poleo que guarda ahora (por aquel día en que mis ganas de compartir un poleo-menta contigo fueron tan muchísimas que casi dejaron de ser ganas y se convirtieron en necesidad). 
    Además del olor dulce y las bolsitas de poleo-menta, el bote contiene papeles. Procuro ahorrarme la literatura en la medida de mis posibilidades (no me resulta fácil, pero el bote es pequeño) y guardar sólo las cosas que realmente compartiría contigo. Así que hay papeles con abrazos y papeles con besos. Hay muchos papeles con “Te echo de menos”. Hay algún papel con chistes que pensé que harían gracia a tu humor negro. Hay papeles con pensamientos que tengo a veces desarrollados, como uno sobre que querer nos hace vulnerables. Hay descripciones de amaneceres que habría querido ver contigo. Hay cosas que me preocupan, cosas que me emocionan. Hay un papel en el que dice: “Esta tarde me costaba respirar, pero me he repuesto sin llamarte”, y una fecha al lado. Hay un papel con borde morado que contiene nuestro primer beso relatado. Y otro que guarda uno de mis cabreos por tu manía de hacerte el tonto cuando entiendes pero no quieres entender. Hay un papel –el más elaborado de todos, sin duda– con una burdísima representación de mi caleidoscopio y de lo que esconde, con el siguiente texto escrito al lado: “Se supone que esto es un caleidoscopio. Me gustaría enseñarte el que tengo sobre la mesita. Ese, a diferencia de este, es bonito”. Hay papeles con alguna tontería que he leído y me ha recordado a ti. De nuevo, hay papeles con abrazos, papeles con besos y muchos papeles con “te echo de menos”. 
    Y ahora hay un papel en el que te cuento algo sobre un bote de cristal con tapa roja en el que guardo las cosas que querría compartir contigo.

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