viernes, 14 de marzo de 2014

La rabia

   Me sobreviene a veces la entre absurda e inconformista rabia, cuando estoy tocándote, de que todavía una gran parte de nosotros se queda demasiado lejos del otro. Cuando te acaricio, me mata el no poder decidir sobre qué palmo de ti poner mi mano, y cuando lo decido me entristece no poder palparte con palma y dorso al mismo tiempo. Cuando nos tumbamos frente a frente –pecho a pecho, vientre a vientre, regazo a regazo–, de la coronilla a los talones te echo de menos; cuando te acercas despacio, me rodeas con los brazos desde atrás y te toco con toda la espalda, toda mi mitad delantera está esperándote. 
   La rabia de no poder fundirme en uno del todo contigo es bonita, a pesar de ser rabia.

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