jueves, 15 de mayo de 2014

Amanece bonito

Amanece bonito.
El cielo está grisáceamente
encapotado en lo alto,
pero entre las nubes
y aquella línea montañosa
cansadamente horizontal
queda un resquicio
enrojecidamente brillante,
amarillo, naranja, rosa, morado,
y el Sol,
esfera doradamente oriente,
mancha de luz el todo;
las seis ligeramente pasadas,
dudo entre cerrar los párpados
y observar el día naciente
momentáneamente sin mácula.

Me recuerda este
amanecer bonito
tanto, tanto, tanto cómo
quería quedarme dormida
y a un tiempo mirarte nacido
entre brillos sabanales,
cansadamente nuevo;
tanto, tanto, tanto cómo
habría querido que quisieras
bellamente la cotidianeidad
de este amanecer
cotidianamente bello;
tanto, tanto, tanto cómo
deseaba enrojecidamente
que fueras, sin mácula,
todos los días.

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